Hace años, una adicción se entendía como una conducta realizada voluntariamente por el individuo con el objetivo de encontrar placer o bienestar. Ante esta concepción, a nivel social los adictos eran considerados como “viciosos “o “personas sin moralidad”, es decir, el adicto podía controlar el consumo, pero no lo hacía porque no quería.

Ya en el año 1981, la OMS definía el término drogodependencia como un síndrome biopsicosocial que se refleja mediante un patrón conductual en el que se da una clara prioridad al consumo de una sustancia psicoactiva.

La adicción es una enfermedad de carácter crónico y recidivante del cerebro, cuya manifestación más evidente es la búsqueda y necesidad de consumo compulsivo de la sustancia o la repetición continua de la conducta problema, pese a las consecuencias negativas que genera en la vida del adicto. El trastorno adictivo es una enfermedad del cerebro debido a que se establecen cambios en la estructura y el funcionamiento de éste.

¿Qué ocurre en el cerebro de un adicto para que la adicción sea considerada una enfermedad y no un vicio?

El núcleo Accumbens es una parte del cerebro en la que se encuentra el circuito de recompensa. La adicción afecta al sistema de recompensa del cerebro generando un exceso de dopamina en el circuito. La dopamina es un neurotransmisor del cerebro cuyas funciones son la regulación de las emociones, la motivación, el movimiento y los sentimientos de placer. Esta sobreestimulación del sistema de recompensa produce bienestar, placer o euforia en el individuo, reforzando la repetición de la conducta.

El consumo de la sustancia o la realización de la conducta adictiva genera una liberación de dopamina mucho mayor que las que se genera con reforzadores naturales (por ejemplo, comer o el sexo) y la duración de los efectos son más prolongados en el tiempo. Puesto que no existe un reforzador natural que genere un efecto de gratificación tan potente, el efecto generado por la sustancia o conducta adictiva motiva al consumo de manera constante.

Cuando el consumo es habitual, el cerebro comienza a producir menores niveles de dopamina debido a la sobreestimulación producida, ante esto la persona ve mermada su capacidad para sentir cualquier tipo de placer en su vida, es decir, va a tener dificultades para disfrutar de actividades que antes le generaban bienestar y satisfacción. Por ello, presentan síntomas depresivos como apatía o anhedonia (incapacidad para experimentar placer) y perciben que su vida sin la sustancia o sin la emisión de la conducta problema es ciertamente poco placentera.

Adicción, ¿enfermedad o vicio?

El cerebro de la parte derecha es el cerebro de una persona adicta, se puede observar como existe un descenso considerable de los niveles de dopamina a diferencia del cerebro no adicto (niveles de dopamina normales, parte roja).

 

La adicción deriva en tolerancia a la sustancia y pérdida de autocontrol

La vida del adicto queda sumida en el consumo asiduo de la sustancia o la realización de la conducta compulsiva para mantener niveles de dopamina adecuados y poder sentir gratificación y placer. Dicho bucle fomenta la aparición de lo que se conoce con el nombre de tolerancia, lo cual quiere decir que para experimentar el mismo efecto inicial de la sustancia el adicto precisa de cantidades mayores con el paso del tiempo.

Finalmente, es importante destacar que la adicción produce una pérdida de autocontrol y afecta a la toma de decisiones, mermando la capacidad del adicto para inhibir el impulso de consumo. Por todo ello, teniendo en cuenta la gran intensidad con la que aparece el deseo de consumir tras un periodo relativamente largo de consumo, existe una elevada dificultad e imposibilidad en el adicto para detener la compulsión.

La adicción es una enfermedad crónica que requiere ayuda especializada

Teniendo en cuenta todo lo expuesto previamente, la adicción necesita ser tratada por un equipo de profesionales altamente cualificados y especializados en el tratamiento de adicciones. La adicción como cualquier otra enfermedad crónica se puede controlar, pero no por uno mismo, sino mediante la ayuda de las personas adecuadas.

No dudes en ponerte en contacto con nuestro Centro de Tratamiento en Madrid, te ofrecemos diversas modalidades de tratamiento que se ajusten a tu caso de manera personalizada y así puedas recuperar tu vida y volver a sentir bienestar como antes de que todo empezase.

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