Muchas personas pueden haber consumido algún tipo de sustancia o droga alguna vez, sin embargo, algunas de ellas pueden probarlo una vez y no volver a tener contacto con la sustancia, pero otros continúan consumiendo después de esa primera vez.

El tabaco, el alcohol o las benzodiacepinas, son sustancias socialmente aceptadas y legales, que pueden resultar positivas para muchas personas, pero generar daño a otras, puesto que pueden desarrollar una adicción a ellas que no se podrá superar solo con fuerza de voluntad. El hecho de que sean legales puede suponer un agravante a la hora de identificar un problema de adicción, ya que no generan una pérdida de control en todo el mundo ni en todas las personas que lo toman.

¿Cómo afecta la “normalización” del consumo de alcohol a un adicto?

El alcohol es una sustancia habitualmente visible en celebraciones, eventos, terrazas, etc. Si bien es cierto que se trata de una sustancia socialmente admitida, cuyo consumo incluso se llega a incitar, también se debe tener en cuenta que puede generar dependencia e incluso, adicción (conoce la diferencia entre dependencia y adicción pinchando aquí).

El consumo de alcohol genera consecuencias negativas en el individuo, tanto a nivel físico (hepáticas, pérdida de memoria, demencias, etc.), como de otra índole (accidentes de tráfico, peleas, caídas, lesiones, deshidratación, embarazos no deseados, etc.) No es necesario que exista una dependencia o una adicción, la intoxicación por consumo de alcohol ya implica ciertos peligros para el individuo.

Cuando un individuo presenta adicción al alcohol, toda la normalización social con respecto al consumo de alcohol supone un elemento de riesgo y un obstáculo en su recuperación. Es más habitual que aparezcan excusas como “todo el mundo bebe”. Esto facilita el consumo del adicto y hace más difícil detener la enfermedad.

Otras sustancias

El resto de las drogas (cocaína, porros, MDMA, heroína, etc.), aunque no tienen las particularidades que hemos indicado, entrañan los mismos riesgos y consecuencias; dañando infinidad de vidas.

Una vez que se llega al abuso continuado en el consumo de alguna droga, dependiendo de las particularidades de cada uno (predisposición genética, entorno y demás factores), se puede desarrollar la enfermedad de la adicción.

La adicción es una enfermedad

La adicción es una enfermedad primaria, que no depende de ninguna otra enfermedad, contemplada así por la OMS (Organización Mundial de la Salud). Esta enfermedad altera químicamente el cerebro de las personas que la padecen, impidiendo que puedan controlar sus consumos. Una persona que es adicta, a pesar de las consecuencias negativas ocasionadas por el consumo, no podrá detenerlo por sí mismo.

Así como las personas que padecen otras enfermedades deben recurrir a médicos especialistas para que les indiquen el tratamiento al que deben someterse para detener su enfermedad, con la adicción pasa lo mismo.

Por este motivo, el adicto nunca podrá detener su enfermedad con fuerza de voluntad, por mucho que quiera y que desee hacerlo, pues existe una pérdida de control de impulsos con una alteración neuroquímica de base.

Influencia del entorno social en una persona que tiene una adicción

La presión del entorno puede llevar al adicto a intentar superar la adicción solo con su fuerza de voluntad

Existe un gran desconocimiento social sobre la enfermedad de la adicción. El adicto se percibe con frecuencia como una persona con valores negativos, un golfo o un crápula; sin embargo, un adicto es una persona que padece una enfermedad de la que no es culpable como quien padece otra patología crónica como puede ser la diabetes.

Una adicción se caracteriza por la imposibilidad de la persona para detener la compulsión por consumir, pero cuando recibe mensajes por parte de su entorno de que “es un golfo” por ejemplo, refuerza su necesidad por detener por sí mismo los consumos, pensando que solo con la fuerza de voluntad será suficiente.

Los juicios que recibe no hacen más que mermar su autoestima y agrandar su sufrimiento, lo cual tenderá a manejar con nuevos consumos por ser la forma inmediata que conoce de escapar de la realidad. Pero, como si de un bucle se tratase, después de consumir, los enjuiciamientos de otros, y los suyos propios, los recibirá con más fuerza. No habrá arreglado nada, sino empeorado lo que ya había.

La fuerza de voluntad no es suficiente contra la adicción

En el caso de la adicción la fuerza de voluntad, “tengo que poder con ello, voy a dejarlo por mí mismo”, no sirve de nada. Es la buena voluntad para iniciar un tratamiento y empezar el proceso de recuperación la que será decisiva. La buena voluntad para pedir ayuda, para acudir a un centro especializado y someterse a un tratamiento para detener la enfermedad.

Podemos ayudarte

Como se refería previamente, la adicción es una enfermedad crónica que se puede detener y para ello se requiere de un equipo de profesionales expertos en dicha patología. En Centro Acción contamos con un equipo de profesionales expertos en el tratamiento de todo tipo de adicciones, tanto con sustancia como sin sustancia. Evaluaremos tu caso de forma gratuita y te aportaremos toda la información que necesitas.

Si deseas que otras personas sean conscientes de que la fuerza de voluntad no es suficiente contra la adicción, puedes compartir este artículo.

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